Estoy solo en una tarde soleada frente a mi computadora. Los minutos pasan lentamente; cansado de buscar información sobre política, decido acceder a la página de YouTube.

Miles de videos a mi disposición, sólo es cuestión de buscar uno que me interese, pienso unos momentos. Veo mis pósters de anime que tengo pegados en la pared. Una idea viene a mi mente, decido buscar videos de mis series favoritas de la infancia: Candy Candy, Mazinger Z, Dragon Ball, Los Caballeros del Zodiaco…

Qué buena idea tuve. Me relajo un momento, me traen tantos recuerdos: mis amigos de la primaria, los regaños de mi madre por no despegarme de la televisión, la prisa de acabar mi tarea para ver el capítulo de estreno; es como si el tiempo retrocediera, ¡me siento niño otra vez!

Alguna vez me regañaron por ver anime, porque decían que absorbía mi atención. Estoy consciente de que cualquier práctica, por más sana que parezca, en exceso puede causar dependencia. Conozco personas que son adictas al internet, al estudio, al deporte o a la comida.

También he sido testigo de cómo se ha catalogado a los anime como incitadores de violencia cuando en el propio hogar se puede vivir en un ambiente de violencia intrafamiliar; incluso se habla de historias de niños que cometieron delitos por ejemplos “que tomaron de los anime”.

Sinceramente, nunca he visto pruebas de ello. En todo caso, el anime puede ocasionar que los niños vean la violencia como algo normal dentro de su contexto social. Es obligación de los padres aclararle a sus hijos hasta dónde acaban los límites de la realidad para ingresar al mundo de la ficción.

Además, se ha relacionado el anime con el sexo. Es vergonzoso, pero es una realidad que el hentai ha venido a satisfacer las necesidades más perversas del ser humano; sin embargo, hay que tomar en cuenta que así como las películas comerciales están clasificadas según el público al que están dirigidas, el anime tiene una clasificación que, si fuera bien empleada, niños no aptos para determinada serie japonesa no la estuvieran viendo por televisión, ya sea abierta o cerrada.

El anime es una forma de expresión humana, mundos virtuales que fascinan el ojo humano. He aquí la razón de su éxito. Fuente: Marvin López.

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