Ayukawahama, Japón es un pequeño puerto en la costa norte de Japón, donde los barcos balleneros están atracados con lanza-arpones orgullosamente exhibidos y las tiendas venden piezas esculpidas de los dientes tipo marfil de los cachalotes, podría parecer un lugar insólito para encontrar personas que se opongan a la disputada caza de ballenas que realiza el país en el Antártico.

Sin embargo, residentes locales están rompiendo antiguos tabúes para expresarse en contra de las cazas en el Antártico operadas por el Gobierno, que dicen invitan a la crítica internacional, que a su vez amenaza a las cazas costeras mucho más limitadas realizadas por los habitantes de este tradicional pueblo ballenero.

El Gobierno japonés enfrenta renovadas presiones en el país y el extranjero para que reduzca de manera drástica su llamada caza ballenera de investigación.

Sin embargo, Tokio parece paralizado por la misma combinación de pasiones nacionalistas y afianzados intereses burocráticos que previamente han bloqueado cualquier acción para limitar el programa ballenero de tres décadas de existencia.

“Estamos entrando en un nuevo periodo en la problemática de la caza ballenera, pero no sabemos aún qué significa”, dijo Shohei Yonemoto, catedrático de política ambiental en la Universidad de Tokio.

Claramente, las presiones para el cambio son más fuertes que nunca.

Estados Unidos y otros países opositores a la caza de ballenas trabajan actualmente en un trato que cerraría las lagunas en la moratoria de 1986 a la caza comercial de ballenas, a cambio de permitir que las principales naciones que se dedican a esta actividad (Japón, Noruega e Islandia) reanuden capturas comerciales mucho más limitadas.

Esperan llegar a un acuerdo durante la próxima reunión de la Comisión Internacional de Caza de Ballenas, a celebrarse en Marruecos, en junio.

Expertos balleneros y activistas ambientales también se sintieron motivados cuando el Gobierno del Primer Ministro Yukio Hatoyama asumió el poder el año pasado, decidido a erradicar precisamente el tipo de programas anticuados y burocráticos que la caza de ballenas representa.

Pero tanto partidarios como oponentes japoneses dicen que sigue siendo políticamente difícil que Tokio acepte grandes reducciones a su caza ballenera.

Aunque en realidad pocos japoneses comen ballena hoy en día, las críticas a su caza han despertado resentimiento aquí desde hace mucho tiempo como una forma de imperialismo cultural occidental.

La duda ahora es si el Partido Democrático, al que pertenece Hatoyama, que barrió con el Partido Liberal Democrático en las elecciones del verano pasado, incluirá a la caza de ballenas en su prometida modernización del orden de postguerra del país.

Pese a que también hay un grupo de legisladores a favor de la caza en el nuevo partido gobernante, es mucho más pequeño, con sólo unos cuantos miembros activos.

Los residentes locales dijeron que en vista de que menos personas comen ballena, la captura de este animal tenía los días contados, y que el Gobierno simplemente debería permitir que desapareciera de manera natural. Fuente: Martin Fackler

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